APOLOGÍA A LA PENA DE MUERTE


Nuevamente un puertorriqueño está expuesto a la pena capital. El gobierno Federal, en su insistente intento de imponer este castigo a ciudadanos puertorriqueños, aún ante la mas expresa declaración de nuestra Constitución en contra del mismo, demuestra nuevamente su desprecio a la vida y también a cualquier consideración de darle un espacio en estas determinaciones a la idiosincracia de nuestro pueblo. Nosotros los puertorriqueño somos un pueblo amante de la paz que vehementemente hemos expresado nuestro sentir en contra de este tipo de castigo el cual en nada ayuda como deterrente ante la ola criminal. Este castigo no solo es inhumano, ya que la vida humana es invaluable, sino injusto ya que las  minorías están sobre representadas en las galeras de la muerte.

A grandes rasgos este es el discurso contra la pena de muerte en Puerto Rico. La fallida lógica, necesaria para poder sostener esta visión, no es aparente a primera instancia y dado lo humanista que suena es fácil abrazar la misma sin mayor consideración.

Nuestra cultura está llena de ejemplos de esta característica tan propia que es la falta de sustancia en la palabra. Lo importante es decir lo que se quiere y darlo por hecho por el mero hecho de que se dijo. De ahí que la constitución ampare como derecho un empleo digno aún cuando es patente que nadie puede garantizar esto, o el que anuncien con bombos y platillos algún nuevo programa de ayuda al mas necesitado y cuando este busca el mismo se encuentra con la realidad de que lo que está escrito no necesariamente tiene sustancia. En esta línea le sigue la idea de que Puerto Rico es una sociedad amante de la paz. La mera magnitud de la racha criminal y la inseguridad pública es suficiente para triturar esta idea sin sustancia. Algún día seremos capaces de construir un Puerto Rico amante de la paz pero ese no es el Puerto Rico que estamos viviendo ahora. ¿O es que los criminales y sus familias que los albergan son extranjeros? y ¿que de aquellos que muestran falta de paz interior en su forma de comportarse con el prójimo y que hace de nuestra calidad de vida una tan inferior a aquellas con las cuales nos queremos comparar? Con este discurso estas personas quieren, por mera asociación sin sustancia, presentar que cualquiera que esté a favor de la Pena de Muerte tiene que ser una persona violenta y falto de paz. Me atrevo a decir que todos los criminales violentos están en contra de la Pena de Muerte al igual que la mayoría de las personas en la libre comunidad que tienen propensiones hacia la violencia.

Le sigue, en este discurso, el supuesto  patente desprecio que sienten los Federales por la idiosincracia del pueblo puertorriqueño al insistir en aplicar esta pena. La idea de que el gobierno Federal debe modificar su jurisprudencia para que la misma se amolde a nosotros solo se puede describir como miope; pero peor aún es el pedante y estéril argumento de que la Constitución de Puerto Rico prevalece sobre la de los EEUU y por tanto el gobierno federal está violando la Constitución de Puerto Rico al continuar aplicando la Pena de Muerte.  En nuestra relación con EEUU existe la esfera Federal y la Local. Dependiendo del delito que se cometa el mismo se verá en la jurisdicción correspondiente. El único que debe hacer algún ajuste, si la idiosincrasia política de la nación a la cual estamos relacionados no nos agrada, somos nosotros.  Ese ajuste se llama Independencia la cual está a la mano con solo pedirla un número mayoritario de la ciudadanía.

Lo que nos lleva de la mano al argumento de que las estadísticas muestran que la Pena de Muerte se le impone a miembros de las minorías de forma desproporcionada. Esto sin nombrar el hecho de que las minorías están sobre representadas en las comisiones de crímenes que aplican a la Pena de Muerte. Por ejemplo, si personas de raza negra son el 11% de la población pero cometen mas del 50% de los crímenes que aplican para la Pena de Muerte es de esperar que el por ciento de la población penal esperando a ser ejecutada y que sea minoría sea mucho mayor que el por ciento de su representación en la población general. ¿De que forma se logra justicia con una cuota que vaya a la par con el perfil racial de la sociedad?

De aquí damos un paso extra para encontrarnos con el argumento de que la Pena de Muerte no tiene deterrente alguno. Hay verdades básicas que son irrefutables en cuanto al comportamiento humano y uno de ellos es que el ser humano actúa movido por los incentivos. Por tanto, sin mas estudio que el sentido común se puede llegar a la conclusión de que, en el extenso campo de las relaciones interpersonales, al menos UN ser humano no actuó, al menos UNA vez, debido a la existencia de la Pena de Muerte. Estudios llevados a cabo en la década pasada lograron calcular con mayor exactitud el número de personas cuya vida fueron salvadas debido a la implementación de la Pena de Muerte. El resultado fue que  por cada ejecución se lograba salvar la vida de entre 3 y 13 personas. El número era mayor para aquellas ejecuciones que sucedían poco tiempo después de sucedido el crimen. Los números bajos surgían  en estados donde el reo no era ejecutado hasta décadas después de sucedido el crimen. Estos estudios fueron llevados a cabo entre otros por personas en contra de la pena de muerte esperanzados de no encontrar un efecto deterrente en este tipo de castigo.(Lea el siguiente artículo  Does Death Penaly Saves Lives? A New Debate.  Capital Punishment Works: It Deters Crime , The Deterrence Effect of the Death Penalty )

Nos deslizamos, entonces, al argumento que mas resuena en todo ser humano amante de la vida. El valor infinito de la vida, la vida como fenómeno invaluable, la vida sagrada. Sin embargo, al hurgar un poco en esta idea de la vida como un algo sagrado e invaluable vemos lo impráctico  de que la sociedad como un todo actúe de acuerdo a este principio. El ser humano fue creado para la acción. Una sociedad que valora la vida como algo invaluable no sería capaz de actuar. Por esto los fabricantes de autos tienen que adjudicarle un valor a la vida para poder decidir si una mejora de diseño es costo efectiva en cuanto a cantidad de vidas que se salvan por año.  La FAA le adjudica un valor monetario a la vida humana(~$6 millones) para poder decidir si va a forzar a las aerolíneas el que se implante alguna mejora a sus flotas o no. Si se establece que ninguna vida puede ser perdida, lo cual equivale a un valor infinito para la misma, la sociedad no permitiría la transportación en masa por aire, mar y tierra ante la firme certidumbre de que va a ocurrir un accidente en el futuro donde vidas humanas se perderán no importa nuestros intentos por evitarlo.  Nuestra vida sería una monótona; desolada de las vivencias enriquecedoras que estos medios han brindado a nuestra existencia. Este ejemplo se puede extender a todas las otras actividades que enriquecen nuestra existencia moderna y hace de la misma una mas llevadera, cómoda y llena de ricas experiencias de vida como la medicina, electricidad, deportes, exploración, actividad industrial en fin PROGRESO.

Lo que sí ansiamos de la sociedad es que esta sea justa con sus miembros, respete su vida, su  libertad y trate a todos de igual forma en dignidad y valor. Para un criminal esto significa recibir un trato humano mientras esté encarcelado, brindarle un juicio justo, rápido y que el castigo sea mesurado a la falta cometida. La vida de un individuo no tiene un valor infinito. La misma depende de cuanto valore el individuo su propia vida, su capacidad de sentir empatía hacia el prójimo y de su aporte hacia la sociedad que lo cobija.

Esta dualidad entre lo que se dice, reflejo de lo imaginado,  y la realidad que nos rodea sucede ante la falta de cuidado en el lenguaje que usan los que abogan por la disolución de la pena de muerte. Es irracional la idea de que la sociedad valore la vida de un criminal como si esta fuera tan valiosa que haya que preservarla como se preserva la vida de el último individuo de una especie en peligro de extinción. Aún mas irracional sobre todo cuando la falta de acción por parte de la sociedad redunda en la pérdida de mas vidas humanas. Este tipo de acción sobrevalora la vida del criminal mientras minimiza la pérdida de la vida de la víctima. En este tipo de sociedad  la víctima termina siendo solo un recuerdo abstracto cuya existencia solo se puede constatar en fotos, vídeos o recuerdos de aquellos que lo conocieron.

El discurso de la posible redención y hasta rehabilitación de este tipo de criminal lleva a la sobre valoración de la vida del mismo a tal punto que su vida es mas valiosa que las vidas que, temporeramente, se pueden salvar mediante su pronta y justa ejecución. Queda sin explicar como la sociedad se beneficia con esta rehabilitación si el individuo ya no puede incorporarse a la misma.

El discurso en contra de la pena de muerte se agarra de otros elementos argumentativos como el que este tipo de castigo es vengativo y sigue la Ley del Talión, cuando en realidad el sistema actúa no como retribución sino como deterrente para ciertos tipos de asesinatos que cumplen con ciertos parámetros y no todo tipo de asesinatos. Los que abogan en contra de la Pena de Muerte tildan a este castigo como asesinato de estado ignorando por completo la definición de la palabra asesinato la cual abarca una acción súbita y traicionera. La Pena de Muerte ni es súbita ni es traicionera. Es un proceso que comienza desde que la persona decide embarcarse a vivir abrazando unos comportamientos que la sociedad desprecia y para las cuales anuncia este tipo de castigo como deterrente. En fin, que los argumentos en contra de la Pena de Muerte son unos que engañan al pueblo a través del uso inadecuado de las palabras y los hechos para detener un castigo que a lo más se le puede tildar de antipático; dando la impresión de  que aquellos que están en contra de la misma son personas sensibles, emocionalmente inteligentes y profundos.

La Pena de Muerte ha tenido sus desaciertos los cuales se deben a elementos procesales inapropiados que permiten la posibilidad de errar en la adjudicación de estos castigos. El hecho de que cada estado de la unión tiene su propio libro de como adjudicar esta pena no ayuda tampoco. Vale subrayar que las deficiencias en la adjudicación de este castigo siempre han sido en la esfera estatal. Un buen modelo a seguir es el proceso que lleva a cabo el gobierno federal para decidir si adjudicar este castigo o no.

Cerrarle la puerta a este tipo de castigo no nos hará una sociedad mas justa y pacífica como tan poco lo hará imaginarnos que vivimos en tal tipo de sociedad por el mero hecho de que lo repetimos continuamente. La Pena de Muerte debe ser evaluada desde una justa perspectiva donde se pesen los pro y los contra de la misma. El tema no debe ser acaparado por aquellos que en su pasión por terminar con este castigo usan argumentos y estadísticas que solo apelan a la emoción.

 

 

Si te interesó este artículo puedes leer otros sobre la realidad puertorriqueña aquí.

¿qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s